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14 de Junio de 2018

Paridad cooperativa

Una persona, un voto. Es una cuestión de derechos y de democracia.

Paridad cooperativa

Queridas personas socias,
la experiencia positiva que estamos viviendo en Banca Etica se produce en un contexto general en el que cada vez cuesta más comprender la utilidad y la importancia de las entidades intermediarias en la organización social. Así, el haber incluido el tema de la desintermediación entre los retos de futuro de Banca Etica también demuestra ser fundamental para poder gestionar mejor nuestras dinámicas democráticas. Por ello me parece útil hacer una reflexión amplia que profundice en parte algunos puntos que surgieron en la reciente Asamblea.

En estos años, Banca Etica ha seguido trabajando mucho sobre los procesos participativos, con debates amplios, y a veces encendidos, sobre los ámbitos de toma de decisiones, las reglas de la Asamblea y la organización de la participación. Como siempre, de los debates colectivos nacen reflexiones profundas que pueden transformarse en
oportunidades de crecimiento común.

El contexto en el que operamos ve crecer el reconocimiento externo a nuestro modelo de finanzas éticas, lo que se refleja internamente en una complejidad creciente y, por qué no, en un aumento de la presión que nos imponen esos mismos reconocimientos externos.

Por esta razón y por los retos futuros que nos esperan, creo que es importante compartir una reflexión sobre el modelo cooperativo que hemos elegido y su evolución en estos años.

La paridad de voto
Una persona, un voto. Es una práctica democrática que se basa claramente en la igualdad de las personas. Las personas pueden votar todas del mismo modo, independientemente de sus ingresos, lugar deresidencia, género, condición social, color de la piel, origen u orientación sexual. Es una cuestión de derechos y de democracia.

Como todos los principios, necesita que se creen las condiciones adecuadas para poder concretarse. Estas condiciones pueden evolucionar y pueden encontrar nuevas oportunidades, como en el caso de los mecanismos de voto a distancia.

Estos sistemas aumentan la paridad en las oportunidades de voto: el lugar geográfico ya no es un obstáculo a la participación o una ventaja para algunos/as; las fronteras de las cooperativas superan «lo local», no solo para ampliar sus actividades económicas, como vienen haciendo hace tiempo, sino ahora también para potenciar la gobernanza. Por lo tanto, la concreción de una mayor paridad entre las personas socias es positiva aunque el voto tenga consecuencias sobre la gestión asamblearia, que no obstante son gestionables si se reflexiona sobre el significado del voto.

El voto como proceso, no (solo) como gesto
Así, si bajamos al detalle de lo que significa el voto, el razonamiento se hace más complejo pero también más claro.
La definición reza: expresión de la voluntad de la ciudadanía o de las personas que componen un grupo o un órgano colegial en sus elecciones o deliberaciones. Habitualmente: a favor, en contra, abstención. En el caso de una empresa, el voto no es el de la ciudadanía sino de las personas que componen un grupo: las personas socias.

El voto es la expresión de una voluntad, un ejercicio de decisión colectiva. El gesto simbólico del voto es una cruz sobre una hoja de papel o apretar un botón, pero si liberamos el concepto de voto de estas imágenes, veremos que se concreta en un conjunto de acciones bastante más amplio. Estas acciones son las que definen y orientan los procesos que llevan a elegir qué se vota.
Como sabemos, «se vota» todos los días a través del trabajo participativo en los territorios, en las redes, en las relaciones con los demás portadores/as de valor. En Banca Etica mantenemos desde siempre que «se vota» con las decisiones económicas que tomamos. No solo con una X o con un clic.

Votar en cooperativa
Somos una cooperativa: sociedad creada para el ejercicio de una actividad económica en varios sectores, sin animo de lucro y con carácter mutualista. Los pilares del sistema cooperativo son los principios de mutualidad, solidaridad y democracia.
En Banca Etica no votamos «solo» por el futuro de la cooperativa sino que extendemos nuestro radio de acción mucho más allá de la vida del banco. Concebimos nuestro compromiso conjunto en favor de una economía respetuosa con las generaciones futuras, en favor de extender la mutualidad y la solidaridad más allá de nuestros confines sociales para cambiar las reglas de las finanzas.
Esta es la idea que nos une y que define el desarrollo de la democracia interna de Banca Etica.

El ser cooperativa determina la superación de la competitividad entre ideas individuales en favor de una composición democrática (una persona, un voto) de las decisiones. Una persona socia, un voto es por lo tanto distinto de una persona un voto. Así, el voto se transforma en un ejercicio articulado, basado en la confianza entre socios/as, en el consenso y en el conjunto de posturas individuales diferentes.

La Asamblea de personas socias es uno de los cuerpos sociales en los que se ejercitan estas funciones cooperativas pero no es el único y tampoco el más adecuado para todos los procesos participativos. Es el lugar fundamental de revisión y elección de los órganos sociales, de la corrección del balance, de compartir o modificar los objetivos estratégicos fundamentales (los estatutos).
No es lugar para las decisiones a corto plazo, no es lugar para desarrollar procesos participativos complejos con la base social, no es
lugar para formarse, profundizar ni pensar en proyectos.

Dar valor a la participación cooperativa del cuerpo social significa poner en marcha modalidades de interacción con la base social que sean voluntarias, como lo es la participación en la Asamblea, abierta a los socios y socias con mecanismos y praxis transparentes y democráticas.

La Asamblea es soberana pero, de hecho, no lo es sobre todo, por obvias razones prácticas de logística, tiempo y gestión. Este hecho queda reconocido implícitamente en el Código Civil, que da al Presidente de la Asamblea poderes excepcionales solo durante el desarrollo de la misma. No por autoritarismo sino por la tutela del cuerpo social y de la idea cooperativa en un evento, la Asamblea, que tiene tiempos limitados y un número elevado de participantes, lo que la hace potencialmente difícil de gestionar.

El camino elegido en Banca Etica para no acabar «prisioneros/as» de un único evento participativo que tiene límites estructurales siempre ha sido definir procesos participativos «deliberativos», de forma cada vez más estructurada, y un diagrama asociativo que pueda dirimir y profundizar temas de interés más allá de los que son objeto de deliberación en la Asamblea. Obviamente, los límites vienen dados por el justo equilibrio entre la participación voluntaria de la base social y el tiempo que le dedican, por lo que la formalización «deliberativa» se basa en la confianza entre personas socias y en el proceso más que en las
votaciones del cuerpo social.

La enorme ventaja que tiene es que el espacio participativo se amplia respecto al exclusivo de la Asamblea, tanto en los temas que se pueden afrontar como en los términos del debate. Los mecanismos que hemos puesto en marcha están en evolución continua porque siempre son mejorables por definición, pero no son solo normas buenas que se pueden aplicar. Es una actitud, un espíritu cooperativo que no puede ser el marco sino el fundamento. Es la idea de #meglioinsieme frente a la competencia entre individuos particulares o grupos de individuos. Es la aceptación del otro y de las decisiones compartidas aunque no coincidan con las propias porque frente a la afirmación personal propia o del territorio o de otras pertenencias se valora más el objetivo común de las finanzas éticas.

Cuando no están en juego los elementos fundamentales de la cooperativa y las decisiones estratégicas a largo plazo, la contraposición entre mayorías y minorías debe de dar paso a la confianza cooperativa, la idea simple pero siempre desafiante de que el interés más elevado es el de todos/as.